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<i><span style="font-size: 80%;">Ni barrenderas ni changarinas </span></i><br /> <b>Mujeres con derechos</b> : nombreBlog
Morteros, Córdoba, Argentina /

Ni barrenderas ni changarinas
Mujeres con derechos

Por Andrea Perino
El pedido de auxilio de un pequeño de entre dos y tres años, en una estival madrugada en la que deambulaba descalzo por las calles de Suardi, puso de manifiesto como quienes deben velar por los derechos de las personas los vulneran en toda la geografía regional.
Eran las cinco de la mañana, desconcertada desperté viendo por mi ventana a un niño descalzo, de entre dos y tres años que caminaba en busca de su mamá.
Mientras me preguntaba ¿Qué intentaba hacer? ¿Adónde se dirigía sin la compañía de un adulto?, al instante y antes de intervenir apareció una señora que se encontraba transitando la calle en bicicleta acompañada por otra persona que conducía una camioneta. Estas personas, al ver al niño, lo llamaron por su nombre, señalando que conocían a la familia y su lugar de residencia.
La pareja comentó que la mamá es una de las mujeres que barren las calles de la localidad, quien no tendría  allegados para dejar a sus hijos al cuidado de un adulto. Esta situación en particular me movilizó en averiguar acerca de la situación laboral de los grupos de mujeres que normalmente se dedican a la limpieza de las calles de los pueblos de la zona.
Esta sacrificada labor que realizan mujeres para poder llevar el sustento a sus familias, dejando a veces a sus chiquitos durmiendo solos o acompañados con familiares, abuelas, abuelos, tíos o tías,  resulta ser realizada a cambio de sueldos de hambre, el que por cualquier causa al no poder ser realizado no es abonado, además no cuentan con cobertura social. Situación esclavizante a la cual se ven obligadas a someterse por necesidad, según se desprende de los testimonios que recogimos en las localidades de Suardi, San Guillermo, Morteros, Colonia Vignaud, Brinkman y Porteña, esta última en algunos aspectos es una excepción a la regla general, que adoptan municipios y comunas.

Explotación laboral
El bajo valor por hora que abonan a las mujeres es una constante en la mayoría de las poblaciones, con excepción de Porteña, donde perciben algo más de 50 pesos por hora, en el resto de las poblaciones no superan los 29 pesos. Las trabajadoras son severamente castigadas con la quita de jornadas laborales cuando no cumplen determinados requisitos, además por razones de lluvia, enfermedad o cualquier otra causa que no les permita llevar a cabo la tarea disminuye automáticamente el monto que perciben en la semana, profundizando aun más la situación de indigencia, que es aprovechada para la explotación laboral.
Si bien en la mayoría de las poblaciones cuentan con ART para cubrir los riesgos de accidentes de trabajo, en muy pocas les realizan aportes jubilatorios, ninguna de ellas cuenta con obra social, es decir que los municipios y comunas son tomadores en negro, evadiendo las responsabilidades administrativas y legales para con estas mujeres.
Las mujeres que realizan tarea de limpieza y barrido de calles en Suardi afirman cobrar 140 pesos por jornada laboral, la cual comienza a las 5,30 de la madrugada y se extiende hasta las 10,30; en Morteros cobran 700 pesos mensuales por dos jornadas semanales de 3 horas cada una; mientras que en San Guillermo perciben entre 15 y 20 pesos por hora efectivamente trabajada. En Brinkmann son remuneradas a razón de entre 26 y 27 pesos por hora y un monto similar percibirían en Colonia Vignaud. En este rubro se debe destacar que el municipio de Porteña brinda a la mujer trabajadora una remuneración un poco más digna al fijar en algo más de 50 pesos el valor por hora.

Sometimiento
La persecución y el castigo son también una constante de estos programas que se anuncian como sociales, pero que en los hechos darían la impresión que someten a las trabajadoras. «Si nos ven tomando agua en alguna casa, nos reprochan, además nos exigen una determinada cantidad de cuadras, si no las cubrimos corremos el riesgo de perder un día de trabajo», cuentan mujeres que barren las calles de Morteros, quienes además señalan que las encargadas, de manera constante, ejercen presión para que «no paremos ni siquiera para estornudar». Además les exigirían que barran desde la mitad de la calzada con los consecuentes riesgos de ser atropelladas por los vehículos.
La trabajadoras suardenses que por alguna razón no pueden cubrir la jornada del lunes, son castigadas con una suspensión en la jornada del martes, viendo reducido su magro ingreso en un 40 por ciento. Además les exigen la terminación de un sector al finalizar el turno, el que es considerablemente amplio para ser cubierto en cinco horas.
En Brinkmann las mujeres manifiestan que sufren una constante persecución por parte de los responsables del área, «No podes decir nada, si les decís que no te alcanza el tiempo, si haces algún reclamo, te dicen que ellos te están haciendo un favor al darte esa plata a cambio de este trabajo y que querés tengo que mantener a mis hijos y no hay otra cosa, así que me tengo que callar la boca».
En San Guillermo donde despectivamente son identificadas como «changarinas», no cuentan con jornada establecida, en algunos casos trabajan tres horas y en otros llegan hasta seis, como así tampoco con espacios y días determinados, pudiendo asignarles trabajos en el Parque Comunal y en eventos durante los fines de semana, pero les abonarían el mismo valor por hora. «Si te enfermas a las que quieren les pagan la mitad de las horas, pero a las que no nos quieren no nos pagan nada, tenés que ser del partido del presidente comunal para que te reconozcan que te enfermas» cuenta una de las mujeres.
En Porteña, al igual que en el resto de las poblaciones, sufren duras exigencias para llevar a cabo la tarea, muchas veces bastante difícil de cumplir, como así también solo le abonarían las horas efectivamente trabajadas. En esa localidad las mujeres trabajadoras tampoco tienen derecho a enfermarse y cuidad de sus hijos.

Desprotección
El cuidado de los hijos en algunos casos queda a la deriva, como en San Guillermo que no cuentan con guardería comunal, al igual que en Colonia Vignaud y en Suardi, es exclusiva para niñas y niños menores de 3 años, pero tampoco pueden ser llevados porque abren cuatro horas después que las mujeres empiezan a trabajar. En todos los casos dependen de la posibilidad de apoyo familiar que la mujer trabajadora tenga para proteger a sus hijos, caso contrario puede que lo ocurrido aquella madrugada en la que quedé desconcertada al ver a un pequeño niño caminando solo por la calle en busca de su mamá, sea parte del acontecer cotidiano como herramienta formadora que brindan las secretarías de desarrollo social de las comunas y municipios en defensa del interés superior de la niñez. ¿No será esta una de las causas de la tan cuestionada inseguridad?
En Porteña, Brinkmann y Morteros cuentan con los Centros de Apoyo a la Familia y la Niñez, en la que tienen la posibilidad de dejar a sus hijos mientras están cumpliendo con la tarea.

Individualismo
Todas coinciden en que les gustaría tener otro trabajo mejor remunerado, tener una obra social, cuenta una de las mujeres de Suardi que desea otro horario, que le sea más fácil acomodarse con sus hijos y al mismo tiempo acota que para eso se debería realizar un reclamo en conjunto, «lo veo como algo imposible. Hay variadito, para todos los gustos, hay algunas que son compañeras y otras que si te tienen que mandar al frente te lo hacen».
Así mismo una trabajadora de Morteros narra que «Me regalaron una gorra del sindicato de San Francisco, pero los de la municipalidad me prohibieron que la use, así que imagínate si llegamos a buscar que nos defiendan nos echan y con que mantengo a mi hijo»
Con el propósito de conocer las acciones que el Sindicato de Trabajadores Municipales (Sitram) Ceres, quien tiene jurisdicción en las comunas de Suardi y San Guillermo,  lleva adelante en defensa de las mujeres que les asignan la tarea de barrer calles, que no perciben un salario digno, no cuentan con obra social, ni aportes jubilatorios, consultamos a su Secretario General Antonio Ruiz, quien no respondió el correo electrónico y ante nuestro llamado telefónico lo hizo con evasivas, sin dar razón por la que no defienden los derechos de estas trabajadoras que son vulnerados, justificándose que «no participan cuando son convocadas, siendo ellas la parte interesada».
Es una situación muy complicada, cada vez que se pretende buscar la eliminación de este sistema de trabajo en negro, la mujer es dejada sin trabajo y se termina agravando la realidad para la persona apuntan desde el Suoem San Francisco y Zona, señalando que no solo las mujeres que barren se encuentran con contratos precarizados, sino que los municipios son quizás los principales evasores del derecho laboral amparandose en las cuestiones de índole social.
La situación que viven las mujeres que barren calles es la consecuencia del individualismo que existe en la sociedad que viene siendo aprovechado por los intendentes para pagar salarios de hambre. «Muchas veces la legalidad ofrece grietas para explotar como lo hacen con estas mujeres, entonces la única herramienta es hacer respetar derechos de la lucha, pero para eso es necesario contar con una conciencia solidaria de toda la comunidad, de la misma manera que se necesita para evitar los atropellos que se empiezan a concretar en algunos municipios para seguir profundizando los sueldos de hambre que pagan»

Anhelos que no pueden ser cumplidos
Poder ofrecer la posibilidad de estudio para sus hijos, contar con un mejor trabajo es el principal anhelo de la mayoría de estas jóvenes mujeres que sufren las consecuencias de la desigualdad, de la falta de oportunidades, «me gustaría poder acceder a otro trabajo, tener otras posibilidades tanto para nosotros, como para nuestros hijos, que por ahí dejan el colegio, no por no tener ganas de estudiar, sino para ayudar a los padres, como es mi caso que soy madre soltera, que para ayudar dejan de estudiar para trabajar, y por ahí consiguen y por ahí no. Me gustaría que tenga posibilidades la gente joven, porque por ahí se los discrimina mucho, no se le da la posibilidad de salir adelante, de tener un trabajo y estudiar», manifiesta una de las integrantes del grupo suardense, es este el reflejo de la radiografía que se replica en cada una de las mujeres que entrevistamos como repetición de una historia de generación a generación, consecuencia de políticas públicas que en lugar de promover el desarrollo de los habitantes de nuestros pueblos, siguen sosteniendo una cultura patriarcal de explotación, encontrándonos lamentablemente en la mayoría de los casos que quienes tienen la responsabilidad de la toma de decisiones políticas son mujeres que mantienen el machismo en lugar de dar un enfoque con igualdad de género.
El horizonte de las mujeres que realizan la noble tarea de limpieza de calles no es amplio, no proyectan demasiado, ni desean, ni sueñan grandes cosas, quizás por haber comenzado a trabajar de pequeñas, algunas de ellas en tambos, otras como niñeras  o en servicios domésticos, sin estudios, y con la responsabilidad nata de tener que criar a sus hijos.
Su más grande anhelo es poder tener una vivienda propia, un trabajo en blanco, con obra social y aportes jubilatorios. Poder darles un estudio a sus hijos, para que puedan conseguir un buen trabajo, y que así puedan tener más oportunidades que ellas. 
Es un derecho que cualquier ser humano tiene el de pretender y exigir un salario digno para el desarrollo y crecimiento de su familia y una obligación del Estado proteger esos derechos

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