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Morteros, Córdoba, Argentina /

Para ordeñar la vaca, no alcanza con la “alegría”

Por Esteban Guida
La producción lechera está en caída libre por la baja de precios internacionales. Los súper locales remarcan y abultan ganancias. Macri apuesta al libre mercado. El gobierno provincial, apenas un espectador de la complicada situación que atraviesa el sector.
El secretario de Lechería de la Nación, Alejandro Sanmartino, visitó hace algunas semanas la provincia de Santa Fe y mantuvo varias reuniones con funcionarios provinciales, productores lácteos y representantes del sector de la lechería argentina.

Es que a más de un mes de la visita del presidente Mauricio Macri, en la que hizo un llamado a aumentar la producción y a hacerlo “con alegría”, la situación de los tamberos es cada vez más acuciante. Más allá del convenio firmado con los actores del sector, el planteo neoliberal que encarna el gobierno no admite el tipo de intervención que los productores lácteos vienen reclamando desde hace mucho tiempo, con el objetivo central de evitar el cierre de tambos y la destrucción de puestos de trabajo.

En este contexto, la compensación de 40 centavos por litro para los primeros 3.000 litros de leche cruda que dispuso el gobierno de Macri, tiene un pobre efecto sobre la ecuación económica de los tamberos (incluso menor al que tenían los $0,30/litro otorgados por el gobierno anterior). Es que la definición política que tiene el gobierno de Cambiemos sobre la economía con efecto sobre el sector lácteo está en sintonía con la filosofía de mercado, que establece que el Estado debe garantizar el libre accionar de los agentes económicos, sin intervenir sustancialmente en sus interacciones, ya que, a la larga, se obtendrá el resultado más eficiente; todo ello bajo el supuesto de que los perdedores podrán ser compensados de alguna manera por los ganadores, cosa que millones de pobres y excluidos en todo el mundo demuestran que resulta ser una falsedad.

Una actitud semejante pareciera adoptar el gobierno de la provincia de Santa Fe, que cuenta con una larga trayectoria como oyente y concurrente a las reuniones, actos y anuncios relativos al sector lácteo que han impulsado los gobiernos nacionales, sea cual fuere su bandera partidaria. La inocuidad de su presencia habla del concepto, la capacidad y/o voluntad que tiene de revertir la problemática de miles de productores y trabajadores del sector lácteo, diseminados por toda la provincia. Tal vez, la idea de que “se acabó la fiesta” y de que el responsable de los costos será el gobierno nacional, pareciera ser políticamente conveniente para muchos que, tal vez en vista de la época estival, prefieren no confrontar y mantenerse al margen de los conflictos.

Todo ello no cambia la situación que atraviesan los tamberos, que es por cierto más grave de lo que refleja el accionar del Estado, tanto nacional como provincial. Algunos hechos categóricos conforman este diagnóstico: el precio internacional de la leche en polvo sigue bajando y no se espera una recuperación en el corto plazo, lo que implica que las industrias seguirán volcando sus excedentes al mercado interno provocando un deterioro relativo en el precio de la materia prima (la leche cruda); a nivel interno, la quita de retenciones significó un fuerte impacto en la estructura de costos de los tambos (por ejemplo, el maíz, aumentó un 120%), y la devaluación (que está mostrando no ser tan exitosa como se decía) generó un aumento inmediato en gran parte de los insumos de la actividad que son importados o cotizan en dólares. Todo ello hace que por cada litro de leche producida y entregada el productor pierda 1 peso, obviamente sin contar su propio sustento.

Sin embargo, es probable que la mayor amenaza para el futuro de los tambos en Argentina sea la desesperanza y falta de compromiso asociativo de los propios productores lácteos. Frente a la falta de intervención del Estado, y ante el previsible cierre de numerosos establecimientos, no queda otra que la participación organizada de los propios productores, comprometiéndose con la defensa de sus empresas y los puestos de trabajo que ellas generan.

Muchos están empezando a darse cuenta de que mientras algunos se van a dormir sabiendo que el día siguiente tienen que volver a trabajar para seguir perdiendo plata (y que tarde o temprano eso conduce al cierre), otros aumentan los precios discrecionalmente mejorando aún más sus márgenes de ganancia. ¿Cuánto puede resistir un sector en el que unos pocos ganan cada vez más, algunos tratan de mantener su ganancia, y otros ya no ganan nada y lo están perdiendo todo? Evidentemente muy poco. Si no se logra que los precios a lo largo de la cadena de valor atiendan a una distribución más justa y equitativa de las ganancias para que nadie se quede afuera, esta situación termina en una mayor concentración del sector, con pocos jugadores fuertes, pero con muchos en la calle abultando aún más la tasa de desempleo.

Mientras a simple vista parece estar claro cuál es la alternativa que hace viable una comunidad más justa, sustentable e inclusiva, la realidad se dirige en el sentido opuesto, y las acciones y omisiones de quienes gobiernan parecen haber librado la suerte al imperio de los más fuertes.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer y hay pueblo dispuesto a trabajar y defender lo propio. Todas las acciones que complementen el accionar del Estado serán probablemente más efectivas que el tradicional reclamo o el ya conocido petitorio a las autoridades de turno. En este sentido, la idea de una cartelización de la producción láctea es un camino posible y ya probado en otros países del mundo que están muy lejos de una posición socialista, pero que defienden su producción y limitan la conducta dominante de los grupos concentrados de poder que actúan en detrimento del conjunto.

Todo dependerá del grado de organización y poder real que logren los productores lácteos, que tienen en el codo a codo la chance de cambiar la realidad; caso contrario, cada día, es un día menos para el desenlace anunciado de la lechería en Argentina.
Fuente: El Eslabón.

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