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Morteros, Córdoba, Argentina /

La derecha, la izquierda, los gobiernos y el recambio

Por Rudy López -Cientista político venezolano
Definir el concepto de democracia es algo que en la ciencia política siempre ha dado qué hablar. La cantidad de características que se han incluido desde autores hasta entes (organismos) varía enormemente. Tenemos por ejemplo el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cual define la democracia bajo estándares propios, y cualquier país que los viole perderá cualquier crédito o ayuda financiera. Del mismo modo, autores como Robert Dahl, afirma que no existe una democracia propiamente dicha, sino que hablamos de “poliarquías”.
Hablar de democracia y de cada una de las características que conforman  el concepto es un debate de no acabar. No obstante, se puede llegar a común acuerdo en algunos factores. Una característica común con la que nos encontramos es la alternancia en el poder.
Podemos hablar de que la democracia en que vivimos gran parte de los países del mundo, esto luego de la tercera ola democratizadora (nombre que le dio Samuel Huntington a los procesos democráticos que iniciaron posterior a la caída de la Unión Soviética), es parte del  sistema liberal imperante y que sólo sirve para legitimar un sistema de dominación (hablando en términos marxistas). Lo cierto es que vivimos en esta realidad y, quiérase o no, en estas democracias. Los  gobiernos de izquierda que fueron proliferando en la región desde 1998,  alcanzaron el poder dentro de esta democracia. En algunos cambió a  una democracia más radical y en otros se mantuvo estática, pero sigue siendo el mismo sistema.
Desde 1998 que en la región se ha dado un surgimiento tanto de gobiernos de izquierda como de nuevos partidos.
Conscientes de esto, algo que debió quedar en la mente de todos es que tarde o temprano el proceso iba a cambiar de rumbo. A no ser que retomáramos las medidas fraudulentas que otrora se utilizaron en países como México, con el PRI, o los pactos entre cúpulas, como fue el caso del puntofijismo en Venezuela, era inevitable el retorno de los partidos de derecha y centro-derecha a los gobiernos.

La derecha
Desde 1998 que en la región se ha dado un surgimiento tanto de gobiernos de izquierda como de nuevos partidos, posicionados en ese espectro político, con capacidades de disputar elecciones. Pero a la par de esto, los partidos de derecha fueron adaptando su estrategia y su discurso a los tiempos cambiantes. Una suerte de resiliencia en un momento que es les fue adverso.
En el caso argentino, encontramos a Propuesta Republicana (PRO), partido que llevó al poder a Mauricio Macri, el cual comenzó su actividad política desde lo más pequeño, siendo un partido distrital.
El partido de Macri nació en la Ciudad de Buenos Aires, con ayuda de una fuerte inversión en propaganda logró obtener diputados en Capital Federal y el distrito de Buenos Aires (únicos lugares donde se hallaba inscrito). Posteriormente, Macri conquista la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ya en este punto, el PRO comenzaba a crecer en adherentes, extendiéndose en 2011 a provincias como Mendoza, Tucumán, La Pampa, y en 2013 se amplía a Córdoba.
En Brasil, los partidos de la oposición no lograban conseguir la votación necesaria para expulsar al PT del Palacio de Planalto.
Ese crecimiento se daba en momentos que Argentina pasaba por una inestabilidad económica, además de serias acusaciones de corrupción (la mayoría de ellas con dudosa veracidad) lanzadas desde los medios de comunicación, afines a la oposición, contra el gobierno. Fue así como el 2015 logra la ajustada victoria contra Daniel Scioli, lo que le llevó a la presidencia de la república.
Un caso diametralmente distinto es el brasileño, el cual fue producto de un golpe de Estado. Para lograr llegar al poder y asegurar cierto nivel de estabilidad, el Partido de los Trabajadores (PT) brasileño tuvo que pactar con el Partido del Movimiento Democrático (PMDB), que se posicionaba en el centro político. Pero así como el centro puede ser tomado por la izquierda, también lo puede ser por la derecha.
En Brasil, los partidos de la oposición no lograban conseguir la votación necesaria para expulsar al PT del Palacio de Planalto. Es por esto que, aprovechando el alto contingente legislativo con el que cuenta el PMDB, la derecha decidió pactar con este partido. Su dirigencia aceptó el nuevo pacto en medio de un ataque constante de los medios de comunicación contra la imagen de la presidenta Rousseff y del PT en general.
En Ecuador vemos como el balotaje entre Lenín Moreno y Guillermo Lasso ha cortado la respiración al correismo, que esperaba un porcentaje mayor o ganar en primera vuelta.
En Brasil aún falta definir cómo irá el rumbo político, luego de que nombraran a Lula nuevamente como candidato y ver que la oposición está seriamente dañada en su imagen por nuevas acusaciones de corrupción.

La izquierda
Esta nueva ola, con diversas tácticas políticas y comunicacionales, se repite en otros países de la región. En Ecuador vemos como el balotaje entre Lenín Moreno y Guillermo Lasso ha cortado la respiración al correismo, que esperaba un porcentaje mayor o ganar en primera vuelta.
En Bolivia, mientras tanto, la derecha se encuentra dividida pero no por esto débil. Se ha recurrido a casos de manipulación de información comprobada (“caso  Zapata”), pero también se ha aprovechado errores en que el oficialismo ha caído, reiterado o no ha solucionado. La mayor ventaja que ostenta el gobierno es el propio liderazgo de Evo Morales, que mantiene a flote al MAS. Es indiscutible  que la figura del presidente, como ocurre en varios países de la región, pesa más y obtiene más votos que el partido que lo apoya.
La Mesa de Unidad Democrática (MUD) se encuentra enfrascada en peleas internas que le impiden tener un liderazgo claro.
En Venezuela es donde se da la coyuntura más crítica. Debido a la crisis de abastecimiento que existe, producto de una guerra económica con distintos frentes, el descontento con el oficialismo fue aumentando. La derecha, dueña del oligopolio alimenticio en Venezuela (Empresa Polar, por ejemplo), intentó aprovechar esta situación sin mayores resultados. El gobierno ha logrado mantenerse estable dentro  de todo y aunar fuerzas, no sin una notoria disminución de su apoyo. Por otro lado, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) se encuentra enfrascada en peleas internas que le impiden tener un liderazgo claro. Esta división ha llegado a la sociedad venezolana, reflejándose en una falta de apoyo por considerar que no es apta para ocupar cargos de gobierno aún.
Los gobiernos y el recambio
En todos los países en que la izquierda gobernó se lograron hacer grandes avances en materias sociales. Las políticas públicas realizadas durante más de 10 años en cada país han  calado hondo y generaron un 'pathdependence' dentro de la política interna.
En Argentina, el actual gobierno ve con dificultad el avance de políticas de corte neoliberal sin que estas encuentren roces con las políticas sociales. Vemos como los sindicatos se han empoderado de esos logros y cualquier cambio brusco puede detonar un estallido social.
En Venezuela apreciamos lo mismo, leyes como la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT) serán muy difíciles de cambiar. Si bien se perdió la mayoría dentro de la Asamblea Nacional, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) controla la mayoría de los sindicatos, consejos comunales, etc. No se debe olvidar que estas organizaciones son un peso importante dentro del escenario político.
Tener el poder no es sinónimo de estar en él, ya que no es vertical, sino complejo en sus formas. 
¿Existe un problema con el recambio de gobierno? No, como ya expuse al inicio, es algo normal en los regímenes democráticos. Si alguno esperó que los gobiernos de izquierda duraran hasta el fin de los tiempos, pecó de ingenuidad.
Entonces, ¿cuál es el verdadero problema? Que no sepamos ser oposición, ese es el problema que se nos presenta y se nos presentará. Acostumbrarnos a ser gobierno y sólo manejarnos en esa arena es un error, tenemos que saber cómo nos moveremos en la otra vereda.
El chavismo puede que haya perdido la Asamblea Nacional, pero no significa que esté muerto. El PSUV ya se ancló dentro de la política venezolana e imaginarla sin este partido resulta difícil. Lo mismo ocurre en el caso argentino, donde el Frente Para la Victoria (FPV) es, efectivamente, un conglomerado de peso.
Tener el poder no es sinónimo de estar en él, ya que no es vertical, sino complejo en sus formas. Las ideas y acciones que se tomaron durante más de 10 años seguirán, algunas se cambiarán, se reformarán, etc., pero ya se generó un cambio. Lo importante es ver cómo nos moveremos en el futuro.
Artículo publicado en la edición impresa de Correo del Alba N° 61.

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