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Lo personal es político: la participación de las mujeres en épocas del Cordobazo

Por Lucía Maina
A 49 años de la revuelta popular de obrerxs y estudiantes, entrevistamos a la historiadora e investigadora Ana Noguera sobre la forma en que aquellas jornadas históricas marcaron la vida de muchas mujeres, la participación que tuvieron en las organizaciones de la época y los modos en que la desigualdad de género se hacía presente en las luchas revolucionarias de los ´60 y los ´70.
Ana Noguera es historiadora, docente de la Universidad Nacional de Córdoba y acaba de presentar su tesis de Doctorado en Historia sobre la militancia de las mujeres de Córdoba en el PRT-ERP y Montoneros. A partir de su investigación cuenta cómo obreras y estudiantes participaron del Cordobazo y cómo aquellos días de mayo de 1969 marcaron el ingreso de muchas a la militancia en los años posteriores. Además, comparte saberes y testimonios sobre la participación política y los roles de las mujeres en las organizaciones de las décadas de los ´60 y ´70, tanto en el frente armado, como en los sectores obreros, barriales y estudiantiles.

Su trabajo incluyó entrevistas a alrededor de veinte mujeres y un análisis de la prensa de la época así como de publicaciones y documentos de agrupaciones. Desde allí, la historiadora reflexiona sobre las complejidades y contradicciones que implicó en términos de género aquel contexto de transformación social y política a nivel local, acompañado de los ecos que llegaban de la revolución sexual y cultural impulsada por el mayo francés. En este sentido, desanda ciertas lógicas y valores morales presentes en las organizaciones de izquierda que condicionaron la equidad de género, aunque subraya la necesidad de mirar esta situación “no como una cuestión deliberada, sino como producto social de una época”.

—¿Cómo fue la participación de las mujeres en los hechos del Cordobazo?

Desde mediados de los años ´50 y ´60 se va produciendo una incorporación más sistemática de las mujeres al mercado del trabajo. Sin embargo, en lo que se conoce como “modernización” de la década del ´60 -que tiene que ver con la ampliación de las industrias, en Córdoba sobre todo de la metalmecánica y las automotrices-, el proceso de incorporación al mercado de trabajo se produce de manera diferente en las mujeres y los hombres. Entonces, si bien hay un gran auge de lo que va a ser el movimiento obrero que después va a llevar adelante el Cordobazo, no va a ser igual en cuanto a la inserción de las mujeres. Para la época vamos a ver más mujeres vinculadas todavía a las industrias textiles y de la confección o a un sector terciario como los servicios, bancos, seguros, empleo público. Y por otro lado, como en todas las épocas, fuertemente vinculadas al servicio doméstico. De hecho a principios de los ´60 surge en Córdoba el SINPECAF, que es el sindicato de empleadas domésticas.

Esa configuración del mercado de trabajo va a generar que el Cordobazo, en tanto movimiento más vinculado a las otras industrias “pujantes”, se convierta en un movimiento casi masculino. Sin embargo, hay participación desde estos otros gremios, con las bancarias y algunas mujeres de Luz y Fuerza, que eran muy pocas en relación a la cantidad de hombres en la empresa. El SINPECAF, con Sara Astiazaran que era su representante, tiene también una presencia importante en los acontecimientos, que sin embargo ha sido muy invisibilizada. Todavía es poco lo que se sabe de cómo participaron ellas en el Cordobazo en tanto obreras y trabajadoras.


La historiadora Ana Noguera hizo su tesis de Doctorado en Historia sobre la militancia de las mujeres de Córdoba en el PRT-ERP y Montoneros. (Imagen: Colectivo Manifiesto)
—¿Y en el caso de las estudiantes? ¿Cómo se involucraron en las jornadas de mayo de 1969?

La Universidad, en este proceso de modernización, asiste a una creciente feminización en la matrícula, es decir que ingresan mayor cantidad de mujeres en relación a los varones y a épocas anteriores. De hecho, Carlos Agulla, sociólogo cordobés, cuando hace un relato del Cordobazo en su libro a él le llama la atención la gran cantidad de mujeres vinculadas a la universidad, sobre todo a la Facultad de Filosofía y Humanidades y a la Escuela de Artes. Y eso se relaciona con que hay una incorporación masiva pero no se modifica lo que siguen siendo las carreras masculinas y femeninas. Medicina, derecho, económicas, ingeniería siguen siendo fuertemente masculinas, y ellas se incorporan a la universidad, pero sobre todo a las carreras vinculadas a la docencia, trabajadora social, todas las humanidades.

La participación de las mujeres en el Cordobazo masivamente fue siempre minoritaria respecto de los varones, porque siguen siendo mayoría. Pero, con las que he podido conversar, el Cordobazo viene a influir en su decisión posterior de militar. Porque mas allá de la participación o no en los eventos mismos de la revuelta -que fueron muy fugaces -, el Cordobazo generó un impacto posterior. Aun para aquellas que en ese momento lo vieron de afuera, que estaban en su casa y lo escucharon por la radio o lo vieron en el diario, generó igualmente una adhesión que se va a expresar después en la militancia. Más allá de que no estuvieran participando, se sintieron interpeladas.

—¿Recordás alguna anécdota o relato de las mujeres sobre su vivencia de esos días del Cordobazo?
Algunas comentaban que participaban de manera periférica, desde los costados, no estaban insertas en la gran marea de la movilización, que además era muy masculina. Entonces si una no tenía una incorporación directa en algún centro de estudiantes o en algún espacio se era más temeroso de participar, porque además el gobierno de Onganía, como toda dictadura, era un gobierno represivo. Después hay un testimonio que se repite de estudiantes que se van escapando y tiran bolitas a los caballos de los policías para que empiecen a patinar. También cuentan que después del asesinato de Mena, cuando la masa se enaltece y todo se descontrola, fue difícil la salida de la ciudad, porque Córdoba tiene un centro muy encerrado y sólo podes salir por los puentes para cruzar el río, entonces recuerdan esto de meterse al Hospital Clínicas o de gente del barrio que los escondía, con mucha gente que acompañaba, o sea una adhesión muy positiva socialmente. Algunas estaban en los barrios cuando estaba siendo el Cordobazo y cuando quisieron ir al centro ya no pudieron llegar.

—¿Existía alguna reivindicación específica de género en esa época? ¿Había actividades u organizaciones puntuales de mujeres?
Organizaciones en Córdoba, no. Las primeras organizaciones feministas reconociéndose como tales son un poco posteriores, a mediados de los ´70, sobre todo en Buenos Aires. Acá había algún tipo de reivindicación en términos de mujer trabajadora, en cuanto a iguales condiciones de trabajo, la exigencia de guarderías en los lugares de trabajo, o mejoras en calidad de trabajo, por ejemplo desde las obreras que trabajaban en la fábrica del vidrio o del caucho, o en la industria del calzado, porque había mucha explotación, muchas horas de trabajo en condiciones insalubres. Entonces peleaban desde el lugar de mujer trabajadora, pero no de lo que hoy podríamos llamar una reivindicación feminista o de género, más allá de que eso significara en si mismo que la reivindicación estaba.

Las primeras organizaciones feministas van a tener un conflicto, porque el feminismo y el marxismo en sus distintas variantes no se vinculan. El PRT-ERP y Montoneros, mas allá de que tienen extracciones ideológicas distintas porque una es marxista y la otra peronista, comparten un poco esta idea de que primero está la revolución y después el resto de las reivindicaciones sociales, o sea primero está el conflicto de clase. Entonces las mujeres que se insertaron en ese contexto reproducían el mismo discurso.
Pero más allá de que ellas no hicieran toda una reivindicación de género o feminista, con el mismo hecho de posicionarse en otro lugar, desde poder pensarse autónomamente, participar de una organización armada o estar todo el día en la calle, ya estaban poniendo en cuestión esa jerarquía de género que dice que el hombre habita el espacio público y la mujer se queda en su casa. En esta época se hace muy palpable esta idea feminista de “lo personal es político”, se va transformando en los hechos mismos.



—En cuanto a las organizaciones armadas, ¿cómo vivieron las mujeres el ser parte de estos espacios, que muchas veces implicaban cierta militarización o códigos jerárquicos?

Ellas se insertan en estas organizaciones, primero de manera muy minoritaria cuando se produce el Cordobazo, que ya existía el PRT pero no Montoneros todavía, y constituyen un número muy chiquito, diez en cincuenta, aunque son estimaciones muy aproximadas porque en estas organizaciones que eran clandestinas nunca se sabe exactamente cuántos eran. Ellas me decían que no había una discriminación en términos de género, de decirles que no pueden hacer esto o aquello. Pero en los hechos mismos hay una cierta división sexual del trabajo porque no era tan simple que una mujer fuera, por ejemplo, la responsable del frente de Fiat, porque hay una constitución muy masculina del sector obrero y poca permeabilidad de los obreros a ser “mandados” por una mujer. En cambio el frente barrial estaba mucho más teñido por una presencia femenina, en esto de la reproducción del rol familiar, que uno lo puede pensar en la actualidad: si vemos los movimientos de los barrios populares, la presencia de mujeres y niños es mucho más fuerte que en otros frentes como puede ser el sindical.

En la parte armada ninguna expresó que haya sido discriminada ni que se haya sentido excluida. Sí había determinadas acciones que implicaban que los varones hicieran determinadas tareas de fuerza y ellas se esforzaban muchísimo por tratar de superar esa barrera física y también de una forma de ser educadas.

Eso les generó mucha autonomía, de poder pensarse de otra forma, de poder decidir y generar espacios de discusión con los varones, que al mismo tiempo también eran productos sociales de su época y no les hacía tanta gracia. Ellas cuentan que siempre se armaba mucho lío cuando alguna quedaba embarazada y terminaron ellas haciéndose más cargo de ser madres y relegando la militancia mucho más que los varones.
Pero sí pudieron pensarse más libremente, sobre todo en los ámbitos estudiantiles donde hay una liberación sexual. A su vez, en el caso de las dos organizaciones que trabajo eran muy rígidos moralmente, con reglamentos sobre cómo es correcto comportarse. Por eso es una época muy contradictoria.

—¿Estas cuestiones vinculadas a la moral estaban diferenciadas entre varones y mujeres hacia dentro de las organizaciones?

No, pero finalmente en la práctica sí, como lo vemos ahora. En esas organizaciones, por más que el discurso revolucionario las haya atravesado, se reproduce la diferenciación de género, sobre todo en la vida cotidiana, las afectividades y el mundo de lo privado. Lo que está sancionado, por ejemplo, es la infidelidad en la pareja, pero en la práctica los varones son menos sancionados. Porque la verdad es que si Mario Roberto Santucho tenía dos mujeres no se lo podía degradar; sus compañeros le hablarán de la moral, del hombre nuevo del Che Guevara, le llamarán la atención, pero no lo van a degradar ¡es Santucho! Y como él hay un montón de hombres que ocupan los cargos de mayor jerarquía, en cambio son muy contadas las mujeres que llegan esos cargos, de hecho en Montoneros ninguna estuvo en el buró político, en la conducción nacional, ellas se quedan más en los estratos medios. Las mujeres dicen que las sanciones eran mucho más duras con ellas. El PRT y Montoneros también comparten una mirada del lugar de la mujer, que es un poco la casa y su lugar fundamental en la reproducción, en el ayudar a los hijos, un lugar subordinado. Entonces entran en contradicción con estas mujeres que les dicen ¿por qué no podemos ser iguales? Por eso se pelean todo el tiempo, algunas más y otras menos, algunas son degradadas por cuestionar, o se quedan ahí pero sabiendo que algo estaba mal.

—¿Cómo analizas la visibilidad que han tenido estas mujeres y su presencia en la historia que hoy nos llega sobre las luchas de los años ´60 y ´70?

Después de esas experiencias, muchas mujeres se acercaron al feminismo y desde ahí empezaron a impulsar procesos de lucha que se unieran de alguna manera, simbólicamente, con esas otras luchas, más allá de que una vez que se vuelven feministas encuentran un conflicto con aquella época. Y de a poco desde las ciencias sociales y la historiografía se ha rescatado el cómo han participado. Sin embargo quedan todavía muchos lugares donde no se ha terminado de visibilizar, o también de pensar a los varones. Si bien las cuestiones de género están hoy muy presentes y en agenda, son otros temas, que además intentan pensar la época desde marcos que son actuales, entonces todavía falta seguir pensando en los términos en los cuales se da ese contexto. Yo no podría decir ahora que los de los ´70 eran machistas ni que ellas eran feministas, porque hay que entenderlo en la poca en la cual se está desarrollando lo que vivieron.

* Por Lucía Maina para La tinta / Imágenes: Colectivo Manifiesto
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