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Teatro en Suardi: Cuando el teatro rezuma belleza y reflexión

Por Mirta Barale
García Lorca escribió: “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”.  Así fue. La poesía con toda su riqueza sonora y su colorido se desplegó en las palabras, la música, los movimientos y la expresividad de los personajes que colmaron con su magia los escenarios  de la 7a Edición del Festival de Teatro de Suardi, subsede dela 14ª Edición del Festival de Teatro de Rafaela 2018.
Esos personajes que nos interpelaron desde su ficción, durante varias noches, llevando “…un traje de poesía,  al mismo tiempo, que se le veían los huesos y la sangra…”, siempre, al decir de Lorca, transformaron este acontecimiento teatral en algo único y vibrante entre quienes asistimos a las representaciones. 
El evento comenzó el jueves 19, casi puntual, con  palabras de las autoridades que lo declararon de Interés Cultural. Inmediatamente, la magia de  la primera obra: “Almacenados”, de David Desola, por el Grupo Almacenado de Buenos Aires.

“Almacenados”
Sólo dos actores en escena, encarnando al señor Lino, pronto a jubilarse, y al joven Nin, dispuesto a remplazarlo, para mostrarnos que humanamente están “almacenados”, encerrados en una rutina casi ridícula, de un trabajo inexistente, de la que no pueden salir. Ni siquiera Nin, con todo su desparpajo juvenil zafará de quedar atrapado en esa amorfa rutina de un trabajo absurdo, de los horarios y las acciones repetida, honrando a una empresa que prácticamente ni sabe que ellos existen. La metáfora de las hormigas que durante 30 años recorrieron el mismo camino, es muy elocuente. Al final, Lino y Nin observan que cambiaron la trayectoria del recorrido,  pero, las hormigas, ciegas, siguen haciendo lo mismo que hicieron durante 30 años. Es el destino de Nin: repetir el camino del señor Lino, casi de la misma forma.
Con una puesta teatral minimalista y tradicional, un tiempo escénico mantenido por diálogos chispeantes e irónicos, buenas actuaciones, tiempo cronológico marcado por el encendido y apagado de luces, la obra mantiene expectante el interés de la platea durante los 90 minutos de su duración.

Ópera Prima
La segunda noche nos sorprendió  con un magistral trabajo del llamado teatro del cuerpo o teatro físico, encuadrado en esta moderna concepción del teatro posdramático, en la que el cuerpo con sus movimientos, sus gestos y sus locuras nos cuenta minúsculas anécdotas sin emitir una palabra. El cuerpo “habla” por sí mismo, nos interroga y nos divierte.
Esto es lo que hizo la Compañía Urraka de Buenos Aires. Deleitó con “Ópera Prima” - creación colectiva-, a un público gratamente sorprendido desde su entrada a la sala, llena de humo. Al mirar el escenario, la vista recorría azorada a los estrambóticos aparatos cuidadosamente ubicados ya en escena: eran instrumento musicales hechos con cañerías de aluminio, algunos, con mangueras, otros; ruedas de bicicletas, viejas antenas de televisión, bidones y barriles de plástico, maderas, y un largo etcétera de materiales desechables que a su debido tiempo, sonaron maravillosamente bien.
Los músicos/actores, turnándose en sus roles, iban pasando, de a uno, o más,  al centro de la escena a realizar sus “rutinas”.  Sólo con los gestos y movimientos típicos de los mimos o  delos clowns, técnicas manejadas a la perfección, con un dominio  y flexibilidad  increíble de los cuerpos,  por momentos con acciones espontáneos, por momentos, ceñidos a una cuidada coreografía, con una simbiosis entre movimientos y música tan perfecta que no se sabía si la música acompañaba a los cuerpos ,o éstos a la música, nos contaron desopilantes mini historias o divertidas y payasescas ocurrencias que al final, los 50 minutos de actuación  resultaron escasos y nos quedamos con deseos de más. Obvio que el público aplaudió a rabiar. La excelencia y originalidad del espectáculo merecía eso y mucho más.

El Dylan
La tercera noche, viernes 20, fue el turno del grupo chileno, Teatro La Mala Clase, con su obra “El Dylan”, dramaturgia de Bosco Cayo, integrante del grupo.
Una puesta vibrante y perfecta, para nada tradicional, sino bien moderna y disruptiva. El Dylan era un adolescente varón que se sentía mujer; pero la cerrada y conservadora sociedad pueblerinaen la que vivía, no se cansó de perseguirlo, burlarse de él y hacerle sufrir tantas crueldades como pudo, hasta que, una noche, lo asesinó. La madre clama desesperadamente justicia.
Para contar la tragedia de esta vida, los cinco actores y actrices se valen, solamente, de cinco sillas y dos o tres reflectores con rueditas que  ellos mismos van movilizando. Incorporando así el backstage en escena, rompiendo la ilusión de lo ficcional, típico del teatro posdramático.
La iluminación, como elemento indispensable de la teatralidad, por su importancia, adquiere casi la categoría de un actor más. El vestuario, en el que se mezclan ropas de mujer y varón en todos los personajes, es la metáfora de que en cada uno de nosotros hay algo de mujer y algo de hombre, esto reforzaba la idea de que la discriminación  a los gay, eje de la obra, es injusta y cruel. 
Con una estética marcadamente expresionista, la historia es narrada en breves escenas dialogadas que se intercalan con monólogos de largos y duros parlamentos, estructurados con un lenguaje descarnado y brutal, recitados con desesperación expresiva por personajes que se movilizan y cambia permanentemente de lugar como las sillas.
El tema pega fuerte, pero tiene  su contrapartidaen la belleza visual de las escenas, pensadas como si fuesen pinturas: coreográficamente diseñadas, con fuertes contrastes de luz y sombra, con luz furiosa sobre rostros desencajados que acusan e interpelan,plantean una estética asombrosamente bella que por momentos hace recordar a las pinturas  de Rembrandt, y su magistral manejo de la luz. Así se  compensa la dureza de la historia.
El público no puede distraerse. La rapidez y agilidad con la que cambian las escenas,  van marcando tiempos, espacios y situaciones que le permitirán al espectador ir armando e imaginando la historia que nos cuentan. Una experiencia teatral de verdadero lujo que el público ovacionó si reservas.

Otras funciones
El encuentro se cerró el domingo, al que no asistí; pero el currículo de la obra en cuestión, “Como si pasara un tren”,también de Buenos Aires, y su meritoria trayectoria, anticipaban un espectáculo tan bueno como los presenciados en los días anteriores. A esto debemos sumarle las dos funciones de teatro callejero y participativo, especialmente para niños, que se realizaron viernes y sábado por la tarde.

Magistral jugada cultural
El nivel teatral  del que se pudo disfrutar y la buena organización del evento,  mereció más público. A propósito, me pregunto, si la gente de la zona que hace teatro habrá aprovechado la oportunidad de ver estas propuestas; fue una oportunidad única e irrepetible hasta el año próximo, esperemos. Querer hacer teatro sin ver teatro, es como querer ser un gran jugador de fútbol sin mirar jamás ningún partido.   
Este evento es una magistral jugada cultural, no sólo por sí misma, sino por la jerarquía artística de lo que se desarrolla en escena. La gente de la zona  debería agendar el mes de julio como la época para una cita imperdible con el teatro con mayúscula. En estas localidades de un achatamiento artístico bastante evidente, esto tiene que valorarse y sostenerse sin mediastintas. 
A los organizadores  de Suardi que le ponen el cuerpo al festival, felicitaciones y que no se pierda. 

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